Gabi Martínez

Escritor. Acaba de publicar el interesante ensayo «Naturalmente urbano» (Destino) sobre las supermanzanas en las ciudades, el concepto urbanístico más transformador de las últimas décadas. Autor de los aclamados «En la Barrera»,  «Sólo para gigantes» y » Las defensas». Codirige el Festival Liternatura. Es miembro fundador de la Asociación Caravana Negra para la difusión de la cultura y la naturaleza. Y de la Fundación de Ecología Urbana y Territorial.


¿Qué es lo que más le preocupa hoy?

Hay dos temas fundamentales. Uno, si seremos capaces de al menos acercarnos a un cambio de conciencia suficiente para ajustar nuestra forma de vivir a unas dinámicas que nos permitan sobrevivir como especie. Desde hace décadas estamos siendo convencidos de que hay que vivir en lugares donde los vehículos ocupan el 80% del espacio, con unas comodidades y principios que a menudo van en contra de una vida sostenible. Decir voy a cambiar es muy sencillo, hacerlo es otra cosa. El otro tema está vinculado a éste, porque muchos de quienes gobiernan y comunican son los mismos que durante años han alimentado esta perniciosa forma de funcionar. Ahora parece que van a llegar grandes cantidades de dinero para favorecer un cambio de modelo. ¿Y lo van a gestionar los mismos que tienen tanto interés en mantener las cosas como están? Llevamos un año de pandemia y lo más evidente es que, por ejemplo, los agricultores y ganaderos en ecológico están teniendo que vender sus propiedades o incluso dejar el negocio porque no soportan la presión de la industria de siempre.

 

¿Qué se puede hacer para solucionarlo?

La conciencia se cambia actuando, comprobando por experiencia directa que vivir de otra forma es una posibilidad real que puede aportar alegrías inesperadas… mayores que las que disfrutamos hoy. Moderar el uso del vehículo privado o el avión, reciclar, apagar luces cuando no se usen, cerrar grifos… acciones que todos sabemos pero que hay que interiorizar en serio para aplicarlo en el día a día. ¿Es necesario un esfuerzo? Sí. La cuestión es, ¿aún sabemos esforzarnos? En cuanto a ofrecer resistencia a los gestores perniciosos, habría que cuestionar las informaciones que recibimos, contrastarlas y, por ejemplo, no creer que por comprar un coche eléctrico ya has cumplido, porque en realidad ese coche es otra fuente de contaminación, aunque por distintos motivos. Una forma de contrarrestar a los defensores del status quo es asociarse. Las movilizaciones pueden cambiar cosas. Asociarse es el único modo de presionar para quizá conseguir algo. También habría que apostar por el talento, visibilizar a biólogos, ecólogos, urbanistas que nos ofrecen soluciones brillantes. Apoyándolos a ellos apoyamos su solución, su propuesta.


¿Qué se está haciendo bien?

En varios lugares hay apuestas serias para rediseñar las ciudades acotando el espacio de los vehículos y cediendo terreno al verde. Los huertos urbanos, las azoteas y los corredores verdes que permiten que los animales vuelvan a lugares donde una vez habitaron… Es una conjunción de inciativa ciudadana e institucional. Las supermanzanzas -el nuevo modelo de célula urbana que abordo en mi último libro- son una evidencia de algo que avanza en positivo. Es cierto que cada vez hay más publicidad y noticias que advierten sobre la necesidad de cambiar hábitos. Y desde hace un lustro, ha aterrizado la literatura de naturaleza en España. Esa literatura es muy importante porque ayuda cambiar el relato que nos estamos contando, y es por ahí, por la historia que nos queremos contar, como podemos llegar a un cierto cambio de dirección.

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